viernes, 23 de marzo de 2018

(1+r)ojos

Horas, casi dos, de constante llorar
luego la lluvia vino a sonar y pareció aplaudirme
el granizo vino a romper mi techo,
como metáfora de mí rompiendo mi cabeza.

Dos días, casi tres, de inconstante infelicidad
como una cachetada que cada tanto te saca del flash de la vida buena
tuve varios momentos rendidos al pesar y a la autodestrucción
es así como sucumbí al llanto y me volví mar tormentoso y
entristecido.

Sin embargo mi cuerpo buscaba calor
bien podría haberme congelado de frío, derruido a granizo
pero elegí algo bien: volver a mi hogar
y hablar honestamente con mi mamá.

Quién hubiera pensado
que mi progenitora me iba  ayudar
en cuestiones existenciales y catarsis como las que tuve
quién hubiera creído
que iba a soportar y dignarse a presenciar
tremenda revelación
de la inmadurez e ingenuidad
de su hija rara.

Yo jamás lo hubiera imaginado
pues tengo el corazón eternamente roto
y no puedo confiar ni en quien me parió
ni en quien me acompañó
ni en quien me amó...

no sé por qué, pero me cuesta confiar
más sé notar
cuando me hace alguien inmensamente bien
y no pienso dudar
de abrazarlx o darle un gesto hermoso
con el infinito agradecimiento
desde el fondo de mi pecho.



miércoles, 21 de febrero de 2018

Verborrabia

Algo claramente se rompió
entre nosotres.
Entre vos y yo, particularmente
entre nuestros sueños.
Algo se dejó de compartir,
algo que a mi me parecía esencial para mi crecimiento
o al menos muy útil
y bueno, lamentablemente,
me perjudica bastante.
Y desgraciadamente, pienso,
quizás nunca te terminé de demostrar lo mucho
que te amé, que te amaba, que quizás hoy
incluso
te amo.
Mas después me acuerdo
de la fecha del quiebre,
la noche en que soltaste
todo un ejército 
de insultos y violencia acumulada
y me destruiste
como si fuera tu peor enemiga,
como si te hubiera matado mucha vida y mucho tiempo,
como si nunca te hubiera hecho ni un bien,
como si siempre te hubieras aguantado desterrarme
de tu amor y tus perímetros de afecto,
como si me guardaras un rencor añejo y con olor a estéril,
como si, básicamente, no me amaras más, y desde hace tiempo.
Me acuerdo
de la cantidad de palabras que me dedicaste
disparando a cada ladrillo de la construcción que creías de mí,
mientras que yo sentía 
cada disparo
disparando mi carne como si fuera diez veces más densa y fuerte,
diez veces más horrible y cruel, diez veces más detestable,
y cada palabra hablaba de mí con tanta certeza
y sin embargo las sentía yo tan opuestas a mi realidad
mi verdad, mi versión
tan opuestas a lo que siento de mí, a lo que construyo de mí,
a lo que quiero y trato de mí
que todo dolió
cien mil veces más fuerte.

No sé cómo hiciste
para invertir tan exageradamente tu visión
y ver tan marcada y sentidamente a mi opuesto, a mi negativo.
No sé cómo hiciste
pero quizás puedo darme el atrevimiento
de pensar que, en parte,
pudiste hacerlo
porque no me dejaste
ni un segundo de respuesta,
de explicación,
de comentario, acote,
de puta maldita palabra 
o respiro.
No te importó un pito
lo que te quería decir, lo que casi en llantos
te lloraba, te pedía, rogaba
que me dejaras explicar una mínima cosa
tratar de demostrar que no era así
que estaba en desacuerdo, 
que no sentía que estuvieras en el punto correcto
en el estado, ánimo, o perspectiva
correctos
para hablar
con tamaña seguridad
y violencia.
No te
importó
un pito
herirme
como lo hiciste
ni pensar, siquiera,
que, quizás,
te estabas equivocando
y que te estabas zarpando
en exagerada
euforia,
verborragia
e ira.



Pasó el tiempo, no mucho, que quise volver a hablarte.
Me lo negaste.
Pasó el tiempo, de nuevo, y otra vez insisto, y otra vez. Me lo negaste.
Así, unas cuatro veces. Todo está anotado en la pantalla virtual, que por mucho tiempo, fue nuestra única ventana. Todo es verificable. 
Voy a ser sincera, te odié. Te odié mucho, como uno odia a quien amó y lo dañó. Como uno odia cuando le parten el corazón, en mi caso, tan descaradamente.
E hice mucho trabajo interno para sanar. Para sanarte. Para perdonarte, perdonar, perdonarme. Porque también me odiaba a mí, verás, el odio estaba en mi sangre, no te lo quería escupir. Hasta que un día, aceptaste verme. 
Fui a tu casa, allá, lejísimo. Fue raro. No sabía cómo ibas a estar. Estaba, por las dudas, preparada para matarte con unas pocas palabras e irme. Pero fuiste amable, como si no vieras a un ser querido de hace mucho, aunque no tan querido, aunque medio por compromiso. 
Intenté ser lo mejor de mí. Positiva, agradable, alegre. Sin rencores. Fascinada por tu panza de 8 meses. Estaba impactadísima, no entendía muy bien nada, y tampoco sabía cómo hablar seriamente del pasado, cosa que tanto necesitaba, y cosa que parecías tanto no necesitar. Con muy pocas palabras me dijiste que estaba todo bien, por alguna razón no me acuerdo qué palabras usaste, creo que ni siquiera armaste una oración muy clara, pero me diste la sensación de que... ¿me habías perdonado? ¿te habías equivocado? ¿que yo me había equivocado y lo entendías?
Tristemente no entendí bien tu mensaje. Tu intento de aclaración. Quizás por eso ahora estamos así de nuevo, bah, yo estoy así, triste, destruida, desconsolada.

Pocas veces más nos volvimos a ver, en diferentes situaciones, tu cumpleaños, una exposición, un almuerzo tranquilo, etcétera. Y todas las veces me sentí incómoda. Que estaba en un pasado-presente extraño, que el piso se me escapaba como el aire, que las conversaciones se me iban, se me disipaban, todo lo que quería tocar se me desvanecía, no entendía, no me sentía entendida. Me hablabas de temas que hablábamos tres años antes, o dos, incluso 1 año antes, temas con los que te habías obsesionado, y yo también, temas que creí superados, o que al menos yo superé, pero aunque intentaba demostrarte que ya sabía de lo que hablabas, y te respondía brevemente, intentado rematar el tema, aún así, me rebotabas esa información que te estaba dando de mí, y volvías a hablar de tales temáticas, ya monótonas, sin sentido.
Y si no era hablar de eso, era observar estupefactos al bebé nuevo. Usarlo para cada silencio incómodo, para cada escapatoria, para cada respiro de conversación cerrada. Parecía la muletilla de los diálogos. Parecía una conversación entre locos, que no se entienden, que vuelven una y otra vez a los mismos temas, donde todo es circular, donde nada se resuelve.
Y es que ahora pienso que quizás no querías resolver nada. Y quizás yo tampoco sabía ser muy directa como para hablar de las cosas sin temer que me hieras de nuevo, que me mandes a la mierda, que me malinterpretes y me odies. Verás, me traumaste un poco. 

Ahora terminamos, recién, de desunir lo único que podíamos efectivamente tener en común, lo único que nos podíamos compartir, lo único que nos prometimos. Ahora, una vez más, me rompen el corazón mis seres queridos, me desprometen, me desquieren.
Pareciera ser ese mi karma, las personas que más amé de nacimiento, mis familiares, todos en algún momento me rompieron el corazón. Absolutamente todos. De maneras hirientes, agresivas, sumamente traumáticas, todas me han hecho mierda, todas, en un raye emocional, me odiaron con inconmesurable ira, violencia, y crueldad.
Gracias. 
Ahora sé perfectamente cómo no voy a ser, lo mucho que no los quiero cerca, y lo mucho que les va a costar, si quisieran, ganar mi confianza de nuevo. Idiotas. 
Han perdido un amor muy enorme.


martes, 30 de enero de 2018

Una buena inversión

Érase un mundo donde todos invertían sus vicios,
sus perversiones,
sus malintenciones,
todos se invertían
en pos de la paz
mas quienes no se invertían
eran observados
analizados
y, en algunos casos, 
sentenciados
con gozo
y deleite.

El cocinero 
odiaba comer,
gordofóbico, un obsesivo de su cuerpo,
mas preparaba los platos más exquisitos
exuberantes
y escandalosos
obteniendo al menos dinero
de quienes le repugnaban.
La maestra
no quería tener hijos
ni soportaba actitudes infantiles
mas se regocijaba enseñando a madurar
a comportarse con seriedad y responsabilidad
eliminando, de alguna manera,
los infantilismos
de la sociedad.
El médico
un cínico desinteresado,
insensible, insípido
de una prolijidad inhumana
curaba humanos
con la frialdad
de un muerto de alma.
El veterinario 
sentía asco por los animales, de por sí
y los ayudaba para que "al menos"
estuvieran limpios, sanos
sin contagiarle ninguna desgracia a nadie.
El portero sólo quería estar solo,
apenas intercambiando conversaciones y favores.
La obstetricia no quería más que 
darles sermones a las recién madres
para que no hicieran de sus hijos "porquerías".
La maquilladora sentía terror por la fealdad,
el dentista por las bocas,
la psicóloga por las rarezas inadaptadas.
Y el policía
en el fondo gozaba de los crímenes
de participar en uno
pero era demasiado cobarde como para cometerlo
aunque lo suficientemente valiente para detenerlo.
La justicia en general
amaba los crímenes
porque, aunque se dedicaran a rechazarlos con rigor 
y disminuirlos,
los contemplaban
con total y profunda
admiración.


martes, 2 de enero de 2018

Nuca

Por qué sos tan irracional e impulsiva?
Por qué tanto? Por qué tanto?
Como si ese impulso fuera vital, fuera fundamental de tu seer
tu ser que apenas piensa en frío, tu ser que creías racional.
Te falta método científico.
Te falta lógica y excavación.
Te gusta sentir y descifraar sentimientos.
Pasarlos a colores, a sabores, a texturas y momentos.
Pero te falta entenderlos como algo comunicativo y realmente vital
realmente funcional, y necesario.

Este tiene que ser tu último error en la vida.
Que te traume no me disgusta pues es necesario que te quede marca
marca mental
emocional
sobre tu falta de decisión enmascarada de impulsividad ligera.
Sobre tu falta de seguridad enmascarada de salto a confianza.

Quiero que aprendas que
más vale tardar más
y estar confiado
contento
que hacerlo rápido
y mal
y decepcionado.

Por favor aprendé.
Por favor aprendé.
Por favor aprendé.
Y no te deprimas. La sabiduría viene de los errores.
El conocimiento viene de los errores.
El error no es malo ni negativo. Es de lo más positivo que hay.
Pero lleva esfuerzo extraer ese beneficio. 
Cometiste un gran error. Ahora hacelo valer.




viernes, 10 de noviembre de 2017

RetroorteЯ

Tengo muchas ganas de salir
a pasear por Avenida Corrientes
como en los viejos tiempos.

Tengo muchas ganas de pasear
por la avenida, salir por corrientes,
como en los viejos tiempos.

Tengo ganas muchas de salir
por la avenida, pasear por corrientes,
como en los tiempos viejos.

Ganas tengo muchas de pasear
en corrientes, y salir por la avenida,
como en los tiempos con mi viejo.





lunes, 30 de octubre de 2017

El crimen

Igual,
no nos conocíamos tanto.
Tantas quejas de desconsuelo
de consuelo,
no puedo darte lo que querés,
lo que querés me excede, ¿te fijaste si me importa?
¿Si me interesa siquiera?
¿Si lo siento?
Te está faltando una prueba, victimita.

Seré tu criminal pero no fue a conciencia.
Todo esto pasó mientras yo me alejaba de vos
cada vez más y más lejos
y vos cada vez más y más muerta.

¿Y te maté yo, decís?
¿O te mató tu idea de mí?
Tus mil y un pretensiones,
tus mil y un mambos y códigos implícitos,
completamente ajenos a mí...
¿Es mi culpa no entenderte
o es tu culpa no explicarte?

Quiero de vos lo mejor
pero cuando me acerco sacás lo peor, pareciera
que te inspiro cuando no estoy,
cuando te dejo muerta en el piso.

Y cuando me hablás desde ahí no te soporto.
No te entiendo, ¿por qué te tirás al piso así? ¿Qué te hice, quién fui?
Mi sinceridad no va con vos.
Tenés sangre en los ojos, y coaguló.
Tenés una sonrisa en la cara, y eso me confunde.
No logro nada con vos, salvo que te hundas.
Prefiero
que te quedes
con la idea
de lo que creés
que soy
y chau.
No soy mala.
Soy firme, y te duele, porque vos armaste el mecanismo,
me ataste la soga de la cuchilla,
la corté, sin saber, y zac
guillotina.


jueves, 26 de octubre de 2017

Muego

Yo pensaba que ibas a ser como yo.
Que ibas a tener la misma pasión por los profundos sentimientos de cada ser.
Que ibas a tener una facilidad innata para introducirte en estas temáticas,
para visualizar la esencia del otro, para conocer su alma.
Que ibas a gozar de un don psicológico de comprensión y empatía. 
Que te iba a interesar lo más oscuro de mí.

Pero creo que me equivoqué, que pretendí mucho.
Que lo más oscuro de mí, ciertamente, es sólo mío
y nadie puede meterse, porque a nadie le interesa realmente.

Y está bien, nadie debería interesarse tan profundamente por mí. Por este aspecto de mí.
No todos nos ayudamos de las mismas maneras, o de las maneras que más necesitamos.
Creo que hay un fondo de mí que sólo yo llego. Y que sólo yo puedo alumbrar.
Necesito definirme como persona, como individualidad y singularidad.
Necesito también sentir que soy especial.
Necesito sentirlo, comprobación empírica quizás haya en todo momento.
Necesito creerlo. Admitirlo. Valorarlo. Promoverlo.
¿Promover que uno es especial? Me suena a ego.
Pero bueno, necesito un poco de eso. Me estoy quedando sin vida.